Conocemos como Sahel a la zona geográfica al sur del Sáhara que hace de transición entre el clima desértico y la sabana centroafricana. Lo que no conocemos es los altos índices de violencia a los que se encuentran sometidos los países que la conforman. Factores como la pobreza, la sequía y el hambre, y el siempre presente terrorismo yihadista han convertido a esta zona, especialmente en los últimos meses, en una de las más conflictivas del mundo.

A lo largo de estos últimos cinco meses, se han registrado miles de incidentes que han dejado más de 4700 víctimas mortales. Esta guerra no declarada, de la que el resto del mundo es prácticamente ajena, es fruto de los atentados perpetrados por grupos radicales islámicos, como Al Qaeda o Boko Haram, y de la violencia intercomunitaria, alentada en muchas ocasiones por los militares. De entre todas las víctimas, cerca de la mitad son población civil contra la que iban dirigidos los ataques.
Mali es una de las regiones más conflictivas: más de la mitad de las víctimas de los últimos cinco años se han dado en el país. El racismo hacia algunas etnias, como la comunidad peul (o fulani, la comunidad nómada más grande del mundo), y los conflictos que con ellos se generan por las tierras y los recursos, los convierten en objeto de ataques por parte de milicias populares. A su vez, ese mismo odio motiva una radicalización por parte de los jóvenes fulani musulmanes.
Los conflictos se han trasladado también a Níger y Burkina Faso, donde los ataques contra civiles y entre grupos armados se han extendido. Diariamente encontramos noticias sobre explosiones en las ciudades o asaltos que dejan a su paso víctimas mortales. Parece que la situación de violencia está tan normalizada que en el resto de medios son prácticamente invisibles los conflictos, que provocan además el abandono de sus casas por parte de miles de desplazados.
La que se considera una de las principales causas del problema es la inmensa cantidad de armas que se encuentran en circulación, que permite el surgimiento de grupos paramilitares mientras los Estados miran hacia otro lado. Además, la creación de un Ejército regional, formado por los países del Sahel-G5 (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania, y Níger), para poner fin a la violencia y en todo el área subsahariana, no cumple su cometido de forma efectiva muchas veces por problemas logísticos.
El Sahel está viviendo una forma de guerra muy difícil de combatir, que además está provocando una de las mayores crisis humanitarias del continente, y, sin embargo, la opinión pública permanece ajena a los crímenes que se están cometiendo de forma diaria en estos países. Desde este blog invitamos a la reflexión sobre la implicación -o la falta de ella- por parte de países más desarrollados en poner fin a este conflicto que, para nosotros, es invisible.