Análisis: ¿»primavera» de Sudán?

Desde diciembre se daban las protestas en Sudán en contra del gobierno de Omar Al Bashir, que llevaba en el poder 30 años. El detonante: un fuerte incremento del precio del pan en un país en el que la mitad de la población vive bajo el límite de a pobreza. Ya en 2013 se iniciaron movimientos, promovidos por la población estudiantil, que exigían la caída del dictador, que desde hace años es acusado de crímenes de guerra y genocidio por la Corte Penal Internacional, aunque la orden no se había llegado a ejecutar. Desde su comienzo, las movilizaciones han sufrido la violenta represión del gobierno, dejado atrás un buen número de víctimas y detenidos.

Al Bashir es el responsable de matanzas a civiles y a refugiados, destacando lo que ocurrió en Darfur, perpetrado por milicias locales. Durante la guerra que mantuvo con Sudán del Sur, además, promovió hambrunas mediante el cierre de carreteras, impidiendo el acceso de las ONG.

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Protestas en Sudán, imagen de http://www.adnradio.cl

En febrero, tras dos meses de protestas, Al Bashir declaró el «estado de emergencia» en el país, disolviendo el gobierno por periodo de un año, aparentemente tendiendo la mano a la formación de un nuevo gobierno en el que tuviese cabida la oposición. La medida no fue bien recibida por aquellos que pedían la caída del régimen. Pronto perdió el apoyo del ejército, que tomaban la postura de «proteger a los ciudadanos», y reducir así la represión de las protestas.

Al final, el 11 de abril tuvo lugar un golpe de estado, protagonizado por ese Ejército que había retirado su apoyo al presidente. Su destitución fue seguida por la suspensión de la constitución y la formación de una junta militar. Al Bashir ingresó en la cárcel a los pocos días, pero la junta rechaza de momento entregarle a la Corte Internacional y juzgarle por crímenes contra la humanidad. Por su parte, los manifestantes siguen saliendo a las calles pidiendo una transición real mediante un gobierno transitorio, seguido de elecciones libres.

Lo que puede pasar ahora

Hay quien llama a esto un «rebrote de la primavera árabe», especialmente después de la reciente destitución de Buteflika. De nuevo cabe preguntarse ¿es posible una transición democrática? De momento, Sudán sigue el mismo esquema que ha protagonizado estos meses Argelia. El grupo opositor de las Fuerzas de la Libertad del Cambio de Sudán afirma que «las autoridades del régimen han dado un golpe militar para reproducir las mismas caras e instituciones contra las que el gran pueblo hizo una revolución». No hay verdadera confianza en que se establezca una democracia. Se teme, especialmente, la intervención de estados del Golfo Pérsico, como Emiratos Árabes y Arabia Saudí, que ya en su momento favorecieron el ascenso de Al Sisi en Egipto.

El líder de la junta militar afirma, sobre las movilizaciones civiles que persisten, que «tienen el derecho» a protestar y manifestarse, e insiste en que pretenden traspasar el poder a ese Gobierno Civil, para lo cual ha recibido un plazo de dos semanas por parte de la Unión Africana. No obstante, fue el presidente de Egipto el primero en dar su apoyo a la formación de la junta militar.

La otra posibilidad es la de una revuelta violenta en contra de ese régimen que parece enquistado. En ese sentido, el escritor ganés Anakwa Dwamena resalta la historia del país, que desde su independencia ha tumbado dos gobiernos autoritarios, y habla de la población y de su «larga historia de desobediencia civil pacífica». Sus palabras albergan la esperanza de que la ciudadanía siga ejerciendo presión sobre el gobierno militar y se pueda hablar de transición democrática.

 

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