Análisis: ¿Qué está pasando en Argelia?

Desde hace un mes el país norteafricano se encuentra sumido en una profunda crisis política, cuando el ahora conocido como movimiento del 22 de febrero inició las manifestaciones contra el actual presidente, Abdelaziz Buteflika.

Cuando este proclamó que no se presentaría a los comicios del próximo abril, rechazando una quinta legislatura, los medios de comunicación empezaron a hablar de una posible transición en Argelia. Sin embargo, ¿se puede hablar de un proceso de transición? Y si fuese así, ¿qué tipo de transición cabe esperar?

Lo cierto es que la situación es mucho más compleja por el eminente papel que ostenta el ejército en el gobierno. El gobierno ha estado, durante los últimos veinte años, en manos del FNL (Frente Nacional de Liberación), que fue el grupo que lideró el movimiento de independencia de Argelia durante los años 50. A pesar de que Buteflika se presentó como candidato independiente, recibía el apoyo del partido.

Ahora, el presidente no es más que una figura simbólica, pues su delicado estado de salud lo mantiene al margen de los actos públicos. Estando totalmente incapacitado para el gobierno, el pueblo argelino se ha levantado, a lo largo y ancho del país, cada viernes en protesta contra el sistema político. El movimiento, motivado por el descontento popular, ha cobrado fuerza hasta ejercer una importante presión sobre el futuro de la política, pero además cabe destacar que no han recibido ningún tipo de represión. Esta movilización tiene un carácter informal, pues no cuenta con una cabeza visible ni capacidad para articularse políticamente, pero aglutina a distintos sectores sociales, estando principalmente formado por la juventud argelina, estudiantes, la clase media, además de jueces y abogados. Sus protestas motivaron, hace unas semanas, las primeras reacciones por parte de miembros del partido.

Buteflika y Ahmed Gaid Salá, jefe del Ejército. Imagen de
Ramzi Boudina vía Reuters

El 26 de marzo, el Jefe de Estado Mayor del ejército dio un paso más, proponiendo la inhabilitación del presidente. La declaración tuvo la rápida aceptación de algunos sectores del FLN, y también del grupo con el que forma coalición, la Reagrupación Nacional Democrática (RND). El antiguo secretario general del partido ha declarado que «es una demanda popular, y no una demanda que emane de los partidos políticos», pero la oposición rechaza profundamente esta alternativa.

En un posible proceso de transición no debería intervenir el Ejército como moderador del cambio político, y es por ello que haya quien compare la situación con lo que ocurrió en Egipto: el ejército retiró su apoyo a Mubarak y se le dejó caer, para, tras las elecciones, dar un golpe de Estado. Actualmente, el gobierno está en manos del general Al-Sisi, pero en palabras de Jesús Torquemada, analista de Política Internacional, «siguen mandando los mismos que mandaban cuando estaba Mubarak». En Argelia estamos viendo una situación similar, en la que el Ejército retira el apoyo al presidente actual, pero sin permitir un cambio sustancial en el sistema.

De momento, no es prudente hablar de una transición. No se está produciendo ese esperado cambio del sistema político, ya que la destitución del presidente solo supondría una nueva cabeza visible, mientras que el resto de instituciones que conforman el régimen (partidos, sindicatos…) no se verían desmanteladas.

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